27 enero 2015

50 años de un encuentro histórico.

Virgen de la Hiniesta y Dolores
Se cumplen hoy cincuenta años de la llegada la  parroquia del Cerro  de la Santísima Virgen de la Hiniesta, hecho que tuvo lugar con motivo de la Santa Misión celebrada en nuestra ciudad en 1965. Con tal motivo, la bendita imagen fue trasladada en andas desde el templo de San Julián en la noche del 27 de enero de 1965, siendo entronizada a su llegada en el presbiterio, junto a Nuestra Señora de los Dolores, lugar donde permanecería durante la madrugada para, ya en la tarde del día siguiente, jueves 28, ser trasladada hasta su centro misional sito en la calle Canal. Una tarde esta última en la que también fue trasladado hasta nuestro templo, de manera privada, Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz, de la Hermandad de la Sagrada Mortaja, siendo trasladado a hombros de sus hermanos hasta su centro misional de la calle Afán de Ribera tras realizar una breve estación en nuestra sede parroquial. Por último, también en dicha jornada fue entronizada en su centro misional de la calle Juan de Ledesma la Santísima Virgen del Dulce Nombre, Sagrada Titular de la Hermandad de la Bofetá. Así, y durante más de quince días (concretamente desde el 27 y 28 de enero al 14 y 16 de febrero), nuestra feligresía acogió a los Sagrados Titulares de estas tres Hermandades penitenciales sevillanas, las cuales participaron juntas (además de nuestra Hermandad) el 7 de febrero en un Vía Crucis publico y extraordinario que, por las calles de nuestro barrio, presidió el Señor Descendido de la Cruz.
Por su parte, la Santísima Virgen de la Hiniesta volvió a visitar nuestro templo al mediodía del domingo 14 de febrero, antes de iniciar, también en andas, el itinerario de regreso hasta su sede canónica. En esos momentos únicos, nuestra Hermandad selló para siempre sus vínculos con la querida corporación del barrio de San Julián, nombrándola Hermana de Honor por acuerdo de Cabildo de Oficiales celebrado en la jornada anterior. Un hecho extraordinario de nuestra historia corporativa que, medio siglo después, recordamos hoy con especial afecto y del que, cada Martes Santo, da testimonio una de las insignias del cortejo procesional que precede el paso de Nuestra Señora de los Dolores, como muestra entrañable de un encuentro único, vivido en nuestro barrio a mayor gloria de la Madre de Dios.

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